Las mujeres de 1929 no improvisaban. El capítulo de Felix Ekechi en Korieh (2009) documenta acciones colectivas femeninas anteriores. En 1864, en los alrededores de Onitsha (Obosi, Nkwere, Nsugbe, Ogbunike, Ogidi), mujeres que actuaban bajo un espíritu llamado Odesoruelu, “restaurador del modo de vida tradicional”, barrieron los recintos, protestaron por los precios y exigieron un retorno a la costumbre. Los jefes prohibieron la ropa importada, una medida que Ekechi considera precursora del eslogan de Mbonu Ojike de la década de 1940, “Boycott all boycottables” (“Boicotead todo lo boicoteable”).
Las mujeres defendieron también las costumbres más criticadas por los misioneros. A menudo eran las opositoras más firmes al rescate de los gemelos, cuyo nacimiento la costumbre trataba como una abominación; los británicos acabaron poniendo fin al abandono de gemelos. Ekechi sostiene que las mujeres eran guardianas de la costumbre, omenala, pero también tempranas partidarias de la escolarización misionera de sus hijos.
En octubre–noviembre de 1925, el movimiento Nwaobiala (“Mujeres Danzantes”) se extendió desde el límite entre Umuahia y Okigwe por las provincias de Owerri, Onitsha y Ogoja. Afigbo describe cómo las mujeres barrían los recintos, bailaban, pedían un retorno a las costumbres antiguas, boicoteaban la moneda británica y los Tribunales Nativos, y portaban un mensaje que se decía procedente de Chineke. El movimiento se apagó a principios de 1926, pero había demostrado con qué rapidez podían movilizarse las redes de mujeres.
Base económica
Las mujeres dominaban los mercados locales y la producción de alimentos, y elaboraban aceite de palma y almendras de palma, según Raphael Njoku. Los hombres controlaron el comercio de larga distancia hasta cerca de 1900. Las asociaciones de mujeres hacían cumplir las decisiones de la asamblea en muchas comunidades.
Herramientas políticas
Mensajeros con frondas de palma, sentadas masivas, cantos y canciones burlescas, boicots y el barrido de los recintos.
Por qué 1929 fue diferente
Un censo con fines fiscales tocaba las tres cosas que las mujeres custodiaban: los hijos, la fertilidad y la tierra. Afigbo señala que se decía que las mujeres fértiles y los árboles frutales compartían un chi.
Fuentes de este artículo
- Korieh (ed.) 2009, cap. 10 (Ekechi), pp. 219–243; cap. 11 (Afigbo), cap. 14 (Chambers)
