El origen de los igbo ha generado un vivo debate. La arqueología y la lingüística apuntan a un desarrollo largo y local en los bosques y las tierras altas de la región del Níger-Benue, con un núcleo histórico en torno a la zona Nri–Awka–Orlu, donde antiguas comunidades vivieron, cultivaron y trabajaron el metal. Las primeras poblaciones también se encontraron con los yoruba y otros vecinos a lo largo del Níger, intercambiando bienes y costumbres durante siglos.
Un relato muy distinto vincula a los igbo con el antiguo Oriente Próximo. En su autobiografía de 1789, Olaudah Equiano comparó costumbres de su tierra igbo —circuncisión, ritos de purificación, calendario, organización por linajes— con las de la Biblia hebrea. Autores coloniales como G. T. Basden desarrollaron después la idea, incluida la de una descendencia de los «judíos ebou» de Elefantina, en Egipto.
La mayoría de historiadores y lingüistas no respaldan un origen próximo-oriental y prefieren un desarrollo autóctono, pero la idea del origen judío sigue siendo un elemento significativo en el debate identitario de algunas comunidades igbo actuales. Una lectura equilibrada mantiene ambos hechos presentes: los paralelismos fueron observados y registrados, pero no prueban una migración.
